lunes, 26 de enero de 2015

[Retro Reseñas] Superman Volumen 2 Ediciones Zinco número 6

Superman Volumen 2 Ediciones Zinco número 6

Título: Superman, Volumen 2, Número 6

“Corazón de Piedra” (Superman 1, Enero 1987)
Escritor:John Byrne
Artista: John Byrne


El número 6 del segundo volumen de la colección de Superman para Ediciones Zinco supuso el comienzo de las aventuras y desventuras del Hombre de Acero tras la finalización de la miniserie con la que aconteció un reinicio de la historia del último Hijo de Krypton tras los acontecimientos vividos en “Crisis en Tierras Infinitas”. En esta primera aventura se produce el primer encuentro entre Clark Kent/Superan y uno de sus más acérrimos y peligrosos enemigos en su versión post-crisis, quien se caracteriza no solo por poseer un exo-esqueleto camuflado bajo una falsa apariencia humana sino también por tener incrustado en su pecho el mineral capaz de frenar y debilitar al mismísimo Superman: la Kriptonita. Nos referimos, por tanto, a Metallo, un antagonista que le pondrá las cosas difíciles en su primera confrontación.

Resumen

La historia comienza con Superman atravesando la pared de un laboratorio abandonado tras haber descubierto que Martha y Jonathan Kent no eran sus verdaderos padres. Mientras deambula por el inhóspito lugar, se percata de la presencia de monitores en donde está su imagen, llegando a deducir nuestro héroe, que ha habido alguien que lo ha estado espiando e investigando sobre él.


Mientras recorre aquel lugar, se encuentra con el cadáver de un hombre que según los cálculos de Superman, llevaba muerto unas seis semanas dándose cuenta que su fallecimiento se había producido como consecuencia de que algo o alguien le había roto el cuello. Yendo aún más allá en su búsqueda, y mediante su visión de rayos X, descubre que las huellas dactilares de la persona que quebró el cuello del cadáver eran las mismas que las del camión con el que se había topado al llegar al complejo abandonado. Meditando y reflexionando sobre lo que ha visto en el laboratorio, Clark Kent se pregunta una y otra vez sobre la identidad del hombre que lo habría seguido una y otra vez lo habría espiado. Con el objetivo de que aquel lugar y todo lo que hubiese dentro de él no llegase a manos equivocadas, Superman decide perforar el suelo para llevarse el laboratorio y lanzarlo fuera de la atmósfera terrestre, concretamente en el “punto de lagrange” donde las gravedades de la Tierra y de la Luna se combinan para crear un área de estabilidad. No pierde mucho tiempo en seguir reflexionando sobre lo que ha visto ya que vuela rápidamente hacia la tierra para volver a ser Clark Kent y ataviarse con la indumentaria idónea para realizar ejercicio físico ya que el Hombre de Acero se ha citado con Lois Lane para hacer un poco de Footing.


El buen rato que ambos disfrutan mientras corren por el parque se interrumpe al escuchar Lois la alarma automática del Banco de Comercio y como intrépida y curiosa reportera que es (algo que como sabemos es algo que la caracteriza) se lanza a indagar qué es lo que está ocurriendo pese a las advertencias dadas por Clark Kent de que no debería aventurarse sola a investigar o cubrir una noticia ante la probable presencia de hombres armados. Superman decide acompañar a Lois y ambos son testigos de cómo las puertas han sido no solo arrancadas sino también retorcidas llegando a concluir la joven reportera que “el responsable o artífice de tal alboroto debía ser tan poderoso como Superman”. Lois no tarda mucho tiempo en comprobar que sus palabras están acertadas ya que un hombre musculoso de cabellos rubios le agarra de la mano y la retiene contra su voluntad. Clark intenta defenderla haciendo todo lo posible por no usar su fuerza como Superman, y de esta manera, se descubriese su identidad secreta, de ahí que lo golpee débilmente confiando en la buena forma física de su alter ego pero recibe como respuesta una contundente bofetada por parte del misterioso y fornido individuo, dejándose lanzar detrás del mostrador para ocultarse y aparecer ataviado como el Hombre de Acero.


Mientras Clark no hace acto de presencia bajo la forma de Superman, se produce un pequeño diálogo entre el desconocido hombre y Lois Lane, revelándose éste, bajo la identidad de Metallo, y presentándose abiertamente como el hombre que será capaz de matar a Superman. Es a partir de aquí cuando el lector puede percatarse de que las escenas en el desarrollo de la trama se intercalan con otras que hacen alusión al proceso de creación del portentoso hombre capaz de derribar las puertas del lugar en el que los tres personajes se encuentran allí y el individuo que se ve constantemente en dichas escenas (o mejor dicho, viñetas) no es otro que el científico que Superman encontró fallecido en las primeras páginas del cómic. Superman no se hace de esperar y aparece advirtiendo seriamente a Metallo de que suelte inmediatamente a Lois Lane, pidiéndole amablemente que le acompañe a comisaría para así evitar un enfrentamiento directo entre ambos. Para sorpresa del Hombre de Acero, el misterioso desconocido acepta la oferta verbalmente pero en realidad no hace sino engañar a Kal-el propinándole un puñetazo, percatándose Superman de que su invulnerabilidad parecía anulada por momentos, sintiéndose mareado.


Sin embargo, no pierde mucho tiempo en reflexionar ya que la vida de Lois corre peligro mientras Metallo ande suelto. Superman se lanza contra él y Lois aprovecha para buscar a Clark, clara y lógicamente en vano aunque a estas alturas de la historia todavía la intrépida reportera no sabe que Clark Kent y Superman son la misma persona. No obstante, no se preocupa demasiado ya que mientras observa como pelean Metallo y el Hombre de Acero llega a la tranquilizante conclusión de que Clark habría sido salvado por Superman. No obstante, no puede sentirse profundamente impotente al presenciar como el héroe de Metrópolis está siendo vapuleado por Metallo, repitiendo éste último las palabras con que se había llegado a presentar a Lois y provocando que Superman le responda pidiendo explicaciones de por qué pretende matarle cuando él no le había visto jamás, además de preguntarle sobre quién es en realidad. Todas estas viñetas en las que se puede observar a un herido y maltrecho Superman se combinan con escenas a modo de “flashback” en las que nuevamente puede verse como actor principal al científico fallecido pero también al individuo conocido como Metallo, pudiéndose ver el proceso de creación de este individuo y manifestando el científico que su deseo porque muera Superman se cumpliría por la acción del ser que acaba de crear, un ser que desde el mismo momento que observa  como sus manos humanas han sido sustituidas por un exoesqueleto se asusta y sobresalta aunque se tranquiliza cuando su creador le pone un espejo y Metallo observa como continua (aunque aparentemente) siga siendo un ser humano, pero a diferencia de los demás cuenta con un poder sobrehumano con el que cumplir los designios de su creador: acabar con la vida del Hombre de Acero.


Cuando todo parece indicar que la vida de Superman toca a su fin, irrumpen en el edificio las fuerzas del orden, quienes disparan contra el cuerpo de Metallo, reduciéndolo a balazos. Es entonces cuando observamos como a Kal-el le preocupa mucho más que su agresor haya perdido su vida el hecho de que como aquel misterioso individuo haya sido capaz de anular sus poderes. Es entonces como, para sorpresa indeseable de Lois, Superman y los policías allí presentes, Metallo abre los ojos dibujando una sonrisa de oreja a oreja y dispuesto a explicar el porqué de la pérdida de los poderes de Superman cuando su contrincante se encuentra frente a él, asegurándole que no podrá morir jamás por la mano del Hombre de Acero pero si éste último perecerá por Metallo.

En la siguiente página volvemos a una escena de flashback, mucho más extensa que las anteriores y en ellas se muestra como el científico creador y artífice de la creación de Metallo habla con su “conejito de indias” y le explica el porqué de su fervoroso odio hacia Superman, manifestando su convencimiento de que Superman no es un paladín de la justicia sino un invasor, algo con lo que no está de acuerdo el hombre a quien está “robotizando”. Sin embargo, su creador no solo le muestra la nave espacial en la que llegó Superman cuando éste no era más que un bebé y es entonces cuando el científico le muestra a Metallo un fragmento del planeta Krypton, erigiéndose en aquel que bautizó aquel mineral con el nombre del talón de Aquiles que perseguiría a Superman durante toda su vida: la kriptonita.


Las escenas de flashback y la pelea entre Superman y Metallo se intercalan en el transcurso de la trama: En las primeras se muestra como el científico incorpora el pedazo de kriptonita en el cuerpo de Metallo, reemplazando con este mineral el uranio que tenía en la cavidad de su pecho y ocultando sus implantes robóticos con unos guantes de latex que emulan la carne humana. En la última de las viñetas de esta “subtrama a modo de flashback” se muestra como Metallo acaba con la vida de su creador, revelándose al lector cómo se produjo la muerte del científico con el que Superman se había topado al comienzo de la historia. Mientras tanto, el combate entre Superman y Metallo se desarrolla, explicándole éste último al Hombre de Acero las peculiaridades de su nuevo estado y de su cuerpo y sobre todo aclarando como ha llegado a anular los poderes del Hombre de Acero, gracias al corazón de Kriptonita que lo caracterizará como uno de los supervillanos más poderosos y peligrosos para Superman.

La escena cambia de personajes y de lugar, trasladándose la trama al cuartel general de Lex Luthor, en donde le informan de que un hombre está a punto de acabar con la vida de Superman, algo que el antagonista por excelencia del Hombre de Acero no está dispuesto a permitir, ya que él mismo se encargó de prometerle que sería él el que acabaría con su vida.


Tras esta breve visión de cuál es la reacción de Lex Luthor al presenciar por televisión los violentos acontecimientos de la lucha entre Superman y Metallo, la escena retorna al edificio del Banco de Comercio, en donde los policías se encargan de desalojar a Lois Lane mientras ésta contempla la destrucción del edificio y la más que segura muerte de Superman ya que Metallo, sin su cobertura humana y como si de un Terminator se tratase, resurge de entre los escombros del edificio derrumbado con la capa rasgada de Superman deleitándose de la victoria alcanzada y proclamándose como aquel que ha conseguido acabar con la vida del Hombre de Acero.

Sin embargo, su alegría se torna pronto en sorpresa cuando se percata de que Superman está vivo. No obstante, Metallo no se rinde tan fácilmente y descubre el pedazo de kriptonita que esconde bajo sus pectorales metálicos irradiando una luz  que debilita progresiva y violentamente a Superman, sintiendo un insoportable dolor. De pronto, Clark Kent se percata de que la radiación desaparece por completo y de sopetón y es en ese momento cuando al levantar la vista se da cuenta de que Metallo ha desaparecido. Es entonces cuando le pregunta a Lois Lane cómo ha podido desaparecer de repente y es ella la que le explica que tras la aparición de una gran sombra, el individuo que estuvo a punto de acabar con su vida desapareció sin dejar rastro.



Sin embargo, lo más importante a estas alturas de la trama argumental desarrollada es la sorpresa de Lois Lane al descubrir los orígenes alienígenas de Superman por lo que le pregunta sobre los motivos de por qué lo había ocultado al mundo, respondiéndole rápidamente que no había escondido tal información expresa y conscientemente ya que hacía muy poco tiempo que había descubierto la verdad sobre sus orígenes. Aunque lo que más le preocupa al héroe de Metrópolis no solo es el hecho de que Metallo pueda volver a aparecer en cualquier momento, sino también el haber descubierto la existencia de la kriptonita y de los efectos devastadores que ésta ejerce sobre él hasta acabar deduciendo que la increíble y desconcertante  desaparición de Metallo tan solo podría explicarse por el simple hecho de que el artífice de tal artimaña solo pretendía conseguir una sola cosa: hacerse con el control del mineral alienígena.


Opinión

Una historia que no debe pasar desapercibida para todo aquel lector acérrimo de las aventuras del Hombre de Acero y especialmente en la etapa post-crisis inaugurada por el magnífico John Byrne. Pero sobre todo, un cómic fundamental para todos aquellos que nos estamos comiendo enfermizamente las uñas y rasgándonos las vestiduras por saber quién será el supervillano que hará que Superman, Batman y quizás Wonder Woman unan sus fuerzas para derrotarlo, no tratándose en absoluto de Lex Luthor sino de otro ser de mucha más fuerza y potencial. Por lógica argumental comiquera, este antagonista de Superman no podría ser otro que el personaje que hace acto de presencia por primera vez en esta nueva etapa de la historia del último Hijo de Kripton y concretamente en este primer número de la colección americana de Superman, cuyo primer número salió en el primer mes del año 1987 y que mejor manera de proseguir con la excepcional y fundamental saga del Hombre de Acero de John Byrne que incluir en ella al que todos esperan que sea el supervillano de Batman V Superman: Dawn of Justice, con permiso de los rumores que apuntan que podría tratarse de Doomsday cuyos orígenes no serían otros que la modificación genética del cuerpo sin vida del general Zod, algo que en mi opinión no me desagradaría lo más mínimo aunque compartiendo la opinión de muchos fans, sería demasiado pronto para que apareciese la monstruosa y abominable criatura responsable de la muerte de Superman y de uno de los episodios míticos y más importantes en la historia del cómic y en concreto de uno de los superhéroes insignia de DC Comics.


Una historieta que para quien quiera disfrutarla podrá encontrarla en el primer volumen de la colección lanzada por ECC Ediciones que tiene por título “Grandes Autores de Superman”, dedicada lógicamente a John Byrne. Las míticas y clásicas historias nunca mueren.

Jorge Cuesta

Reacciones:

1 comentario:

  1. Muy buen cómic.. si Metallo sale finalmente en la película aqui tienen buen material para adaptar

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